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Dulce es la guerra, para los Mario Calderón ¿ Cómo era Mario Calderón? preguntaban con insistencia los periodistas. Y al interrogante sigue una pausa incómoda, pues es inútil apelar a las frases para retratar una personalidad insólitamente particular en un mundo poblado de personas tan semejantes. La primera idea, si hay un principio, es reafirmar su popuesta de pastor religioso que escogió desde niño en su natal Manizales. Dejó la sotana, que nunca llevó fisicamente, al comenzar los noventa. En el entretanto, ejerció un sacerdocio "de frontera", por su cercanía con un mundo no secularizado, perspectiva que los llevó al Cinep, institución jesuíta de acción social e investigación que se muevo en el mismo límite al la que dedicó 20 años de vida comunitaria. Mario era el primero en tomar el azadón y participar por la comunidad en labores colectivas y con igual alegría oficiaba bautizos, matrimonios y misas. A veces, uno caía en la cuenta que se acababa de confesar con él, y que esa misma sabiduría, que le permitía oír con paciencia y benevolencia, le servía también para aconsejar con inmensa y proverbial modestia. En el interín, a pesar de la incredulidad de muchos, Mario estudiaba sin pausa. Así, mientras se iniciaba en las artes pedagógicas y de acompañamiento popular en el barrio Villa Javier, en Bogotá, sacó adelante su Maestría en teología en la Universidad Javeriana. Posteriormente, en su largo e intermitente periplo de cerca de diez años por Europa, que lo consolidó como el capellán preferido de las colonias de colombianos residentes en París, Londres y sucursales, acopió con trabajo de hormiga los conocimientos para hacer una lectura diferente del fenómeno de Camilo Torres y elaborar una tesis sobre "Conflictos en el catolicismo colombiano", con la que obtendría el doctorado en Sociología, en la Escuela de Altos Estudios de París. Y el tiempo le alcanzó para más. Tras algunas noches de tertulia regada por espirituosos licores propuso la creación de una nueva diósesis: la denominó Diósesis de Oriente, porque el sol jamás saldrá por el norte". Se autoproclamó como su obispo, o su Ordinarious Orientalis Dioceseos -para ser más estrictos-, buscando transformar ese sentido del poder que acompañaba el término y convertirlo en una vocación de servicio, convicción y alegría. De manera que todos aceptamos con gusto cargos en la recién nacida y democrática diósesis. El proceso que llevó a Mario a abandonar el sacerdocio, constituyó un parto difícil y contradictorio. Lo sufrió en silencio y nosotros nos emborrachamos gustosos a su lado. Hasta que el lazo se rompió, y Calderón inauguró su nueva soltería, amarrado a los faroles de La Candelaria. Nuevo capítulo que le significó también una definción profesional más estricta, sin dejar de ser sacerdote, estado civil que según algunos nunca se pierde. Continuó funciones como obispo de Oriente, se especializó en ambientalista, actitud que había tenido desde muy niño. Su carácter integrador y comunitario lo llevó muy rápidamente a las redes interpersonales. Creó y animó por muchos años una tertulia ambiental en Bogotá. Participó con ahínco en la conformación de la Red de Iniciativas Ecológicas y, más adelante, en la organización de Ecofondo. Y, como siempre, mantuvo ese trabajo de base, diálogo continuo con quienes sufren la marginalidad y las exclusiones: en el barrio san Martín y todo el sector de Chapinero, luchando por la recuperación de la quebrada de Las Delicias; en la localidad de San Cristobal, pensando cómo una dimensión ambientalista integral podría contribuir a mejorar la situación de miles de familias asentadas en terrenos de alto riesgo por deslizamientos. Pasión de hombre de la naturaleza, que combinó en los últimos años con otra "goma": la cultura. Primero, como observador de procesos, la religiosidad popular, el rock y los jóvenes, el rap, los territorios de la noche. Luego, como editor de El Garfio, insigne ejemplo de piratería editorial con sentido educativo. Finalmente, asentado en la Reserva Natural del Sumapaz, como asesor cultural del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, animando planes de formar ciudad desde el legado del campo. El destino no hace acuerdos, y nadie se lo reproche, advierte Susana Rinaldi en un tango de obligada recordación. La guerra fratricida, que algunos se empeñan en perpetuar en Colombia, se los llevó. Nunca entenderemos las razones. Nunca aceptaremos las explicaciones. Pero ellos, nuestros amigos, ya no están. Ya no podremos comentar de fútbol con Mario, ni esperar la invitación a comer quesos de Elsa. Ya no sabremos cuál fue el último chiste de La Luciérnaga en boca de Mario ni discutiremos sobre el cine de temporada con Elsa. El arete de Mario ya no causará escándalos, y sus gafas heredadas ya no volverán a estar amarradas de un cordón. Las minifaldas de Elsa dejarán las acera, y los transeúntes no podrán soñar con haber visto la doble de Julia Roberts en medio del trancón. Que ellos descansen en paz, porque nosotros ya no lo podremos hacer. Tomado de "Un acorde de paz" por el Segundo Escribano Menor de la Diosesis de Oriente. Publicado por Alternativa, Junio 15 de 1997. Boceto para un retrato de Mario Calderón María Antonia de Obregón Margaret Everett Nelson Ramírez "A principios de siglo Bogotá llegaba hasta la calle 21. San Diego y el cementerio quedaban bastante retirados. Seguían las haciendas donde se explotaban minas, chircales, canteras, madera. Allí mismo vivían los trabajadores de los hacendados, pues parte del salario lo constituía la vivienda. Cuando Bogotá se urbaniza vertiginosamente hacia el norte, esas tierras se venden y a los trabajadores, en lugar de pagarles las prestaciones correspondientes, se les respetó el derecho que tenían y se les dejó viviendo allí, lo que dio origen a los barrios populares de la zona. Un grupo de jesuitas, incluido Mario Calderón, escogió esta zona de los cerros orientales para vivir y practicar la naciente Teología de la Liberación, que comporta un acompañamiento de los pobres en las luchas cívicas. Apartes de una entrevista más extensa...". De teología y de liberación Mi participación en la zona oriental comienza más o menos en 1973. Era estudiante de teología en la Universidad Javeriana. En esa época estábamos muy interesados en la Teología de la Liberación, pero no encontrábamos en los programas académicos de la facultad nada que tuviera que ver con ella. Éramos discípulos de Alberto Parra. Nos enseñó algo fundamental: el sacerdocio en puridad no existe después de Jesús de Nazareth. Lo siguieron los cargos administrativos dentro de las comunidades cristianas. El llamado sacerdocio es el modelo del Antiguo Testamento, una suerte de especialista de las cosas sagradas. La distinción entre sacerdocio y presbiterado fue muy importante. Alberto Múnera era nuestro profesor de moral. Tuvimos discusiones teológicas en clase, y en el Cinep también. Eran debates propios de la época porque nuestro interés por la Teología de la Liberación en ese momento ya era manifiesto, mientras que ellos apenas preguntaban por su sentido. Parte de la razón por la cual trabajaba en los barrios de oriente tenía que ver con la influencia que Germán Zabala, un marxista colombiano, ejercía sobre nosotros. Zabala decía que aunque las corrientes más liberales y decimonónicas del marxismo y del liberalismo consideraban que las religiones eran superstición, que se iban a acabar muy pronto con la revolución socialista, personalmente creía que no, que había que contar con las características culturales concretas y particulares del lugar donde uno trabajaba, y que en Colombia era difícil prescindir de la religión, particularmente del cristianismo. Una de las muestras de que eso podía ser cierto, era el caso de Camilo Torres. Decía que siendo cura había logrado convocar un movimiento nacional en torno a él. Germán Zabala proponía además una cierta metodología de trabajo popular basada en observar muy bien la realidad, en ir reflejando uno mismo esa realidad e ir cuestionando cada percepción. Ibamos a los barrios a hacer observaciones. Llevábamos diario de nuestro recorrido de campo. Luego nos reuníamos en grupo para ver qué había de común o de diverso en la observación, para tratar de darnos explicaciones acerca del por qué unos veíamos una cosa y otros otra, por qué interpretábamos de forma diferente. Poco a poco avanzábamos en el análisis de las fuerzas sociales del barrio. Sistematizábamos a la luz de las teorías del marxismo las características, fuerzas y procesos que descubríamos. Finalmente proponíamos a la gente acciones, salidas y actividades. ¿Por qué los barrios? Porque era el sector popular que teníamos al alcance, como aprendices. Un compromiso con los pobres Uno de los puntos centrales del pensamiento de Camilo Torres hablaba de que no era posible ser cristiano en medio de la miseria. Que había que atender el hambre, la falta de educación y de casa, para poder ir a misa. Ese era un poco su proyecto. Para nosotros era completamente coherente, sin sombra de duda. Y lo sigue siendo. La manera de ser cristiano en esa época y ahora es trabajando por la justicia, la fraternidad, la insubordinación permanente frente a la autoridad injusta o ilegítima. Eso era de una claridad meridiana. Parte de nuestro quehacer y de nuestra formación como cristianos se daba en ese escenario, en la lucha cívica al lado de los pobres. Los superiores toleraban nuestra participación en esas cosas. Pero estaban esperando el momento de prevenirla. Eramos un grupo donde había curas hechos y derechos, como Carlos Vasco, y estudiantes para curas. Formábamos un movimiento jesuita que se llamaba el Grupo del Ocaso. Al occidente de Bogotá hay un pueblito que se llama así. Ahí tuvimos una reunión allá. Éramos cerca de 70, y todo el mundo estaba en el compromiso con la causa popular. La comunidad jesuita admitía que los curas ya hechos y derechos se metieran en esas vainas, pero no que los jóvenes lo hicieran, porque después renunciaban a su proyecto para engrosar la militancia de izquierda, o se corrompían con el marxismo. En general, se pensaba que los jóvenes estudiantes jesuitas no debían meterse en tanta cosa. Que deberían acercarse a los pobres, pero dedicarle más tiempo a estar en clase o leyendo. En cambio, nosotros considerábamos que eso era parte del estudio. Lo seguimos creyendo. Si uno hace una experiencia de trabajo, de lucha, y la sistematiza mediante lecturas, discusiones y esquematizaciones, está aprendiendo. Se trata de una dialéctica entre compromiso y reflexión, que aún es válida. Los profesores lo toleraban, algunos. Otros lo combatían expresamente. Decían que era sociologismo, que atentaba contra la dimensión, digamos trascendente, que deben tener todo cristiano. Los obispos colombianos, en general, estaban en contra. Hay un documento que se llama Identidad cristiana en la acción por la justicia, en dos versiones: la de los obispos y la nuestra, en respuesta. El rector de la Javeriana era enemigo de la Teología de la Liberación y de las ciencias sociales. No entendía que alumnos se organizaran en comités para protestar y opinar. Cuando en sociología de la Javeriana comenzó el movimiento Cataluña, el rector dijo "no al comunismo!", prohibió las ciencias sociales y declaró que la juventud colombiana no tenía madurez para estudiar sociología. Cerró la facultad. Algo similar ocurrió con la Teología de la Liberación, porque su postulado fundamental era la reflexión acerca de la religión, pero a partir de los datos de la realidad. Y para averiguar la realidad, decían los teólogos de la liberación, hay que atender a las ciencias sociales: antropología, sociología, economía, política. En esa época éramos alumnos descarriados. Teníamos que trabajar con la gente, leer nuestras cosas de teología, y al mismo tiempo nos habíamos puesto como meta ser muy pilos en el cumplimiento académico. Los profesores decían: "ustedes están disfrazando la pereza de estudiar con todo ese marxismo y esa revolución". Entonces les demostrábamos que no era pereza, cumplíamos con los trabajos y hacíamos un esfuerzo enorme. Los forcejeos de izquierda En los setenta la izquierda era bien doctrinaria. Estaba muy dividida. Era casi como para tener un computador diario para anotar las divisiones dentro de las tres grandes corrientes. La gente del partido comunista, del troskismo, del maoísmo; esas eran las corrientes. Se presentaban discusiones como la siguiente: "de qué le sirve a la izquierda, a la revolución colombiana, trabajar con los barrios". La respuesta de unos era: "todo eso es lumpen proletario", y citaban a Marx. "Ahí no hay nada que hacer", decían, "eso es la escoria de la revolución. Ellos se van a unir a las primeras insurrecciones para tumbar el capitalismo, se van a apoderar de las doctrinas y a robar las cosas". Los troskistas eran muy claros en eso. Decían: "ustedes están trabajando la conciencia de la gente, y eso es lo de menos. Lo que importa es el proceso. Y hay proceso sin sujeto. El sujeto no existe, y si existe está dentro del proceso". Bueno, era una discusión tenaz. Nosotros decíamos: "no, lo que hay que hacer es alianza entre campesinos y obreros", por eso invitábamos a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos a desfilar con nosotros. Y agregábamos: "los pobres son pobres aunque no sean obreros. Alguna conciencia de clase debe existir allí, en los barrios. Consideramos que quizás no sea la vanguardia, pero es un sector que está creciendo. Colombia se está llenando de barrios pobres, gente que es explotada". Unos decían que sí hacían parte de la explotación capitalista. Otros que no, "que se autoexplotaban porque no tenían conexión estructural con la economía capitalista". Discusiones propias de la época. Entre cerros y desalojos Como los movimientos de la izquierda y la Teología de la Liberación llevaban a los estudiantes a los barrios, también los acercaban a la lucha contra la Avenida de los Cerros, proyecto que incluía el desalojo de cientos de familias pobres en los cerros orientales de Bogotá. Se formó en el Cinep un círculo de estudio acerca de la ciudad como espacio y de la ciudad como lugar de valorización de la tierra, la especulación con el terreno urbano. Ese círculo nos ayudaba a sistematizar una acción, a promover la organización de la gente contra la Avenida de los Cerros. En el Bosque Calderón hubo otro conflicto. Quienes nos oponíamos a los desalojos íbamos la noche anterior a sentarnos dentro de las casas. Cuando amanecía llegaban los jueces, los inspectores y policías. Fue aprender de los problemas de la ciudad y cómo trabajar en asociaciones populares de barrio. Durante esa misma época de desalojos en los barrios orientales, también había otros intentos en varias antiguas casonas de La Candelaria y Las Aguas. Un poco arriba de Egipto se intentó un pequeño desalojo en una sola casa. Creo que eran problemas colaterales, con mucha gente tratando de aclarar su propiedad. Se produjeron litigios jurídicos. Recuerdo que las presiones y amenazas claras eran del centro hacia el norte. Lo del sur todavía no se había movido. Pero había casos aislados, como el de La Casona, en Las Aguas. Los análisis nos mostraban que los antiguos propietarios de casas en La Candelaria, de algún valor arquitectónico por antiguas, pero que estaban en manos de inquilinos, muy caídas, pensaban que se iba a producir una valorización gracias a la avenida que les iban a pasar por encima. Empezaron a forzar desalojos. El de La Casona fue especialmente combativo, pero se perdió: la gente fue desalojada. La Casona era un símbolo de resistencia de la gente. Sin embargo, el desalojo se fue dando gradualmente, una vez que bajó la presión de la Avenida de los Cerros. La obra como se había planeado se abandonó. Entonces muchos de los inversionistas siguieron viendo que era posible recuperar casas antiguas, restaurarlas, venderlas o dedicarlas a vivienda. Una época en la que cualquier persona que fuera tildada de guerrillero o que fuera abierto líder popular podía ser muerto o desaparecido, pero los casos no eran tan comunes como hoy. No existían las bandas que llaman "fuerzas oscuras", los desconocidos que mataban y matan, y que nadie sabe quiénes son. Ese tipo de táctica era poco usada: había mayores garantías para oponerse, lo cual no quiere decir que no hubiera abusos de la policía.
Enunciados en torno a una ética Mario Calderón Corría el año de 1989. El fenómeno del narcotráfico captaba el interés de todos. Como posteriormente se repetiría una y otra vez, Washington exigía y Colombia obedecía. A solicitud de un organismo peruano de investigación que no queremos recordar aquí, algunos investigadores colombianos formamos un equipo para ofrecer una visión interdisciplinar. Salomón Kalmanovitz, Francisco de Roux, Ricardo Vargas, Carlos Vicente de Roux, Camilo Castellanos, Camilo Borrero... Y, por supuesto, Mario Calderón. El, junto con Pacho de Roux, estaba comisionado de analizar la parte ética. Como era previsible, su posición dio origen a más de un debate, a encontradas posiciones, a rascadas de cabeza y a una sonrisa fresca en su inmutable semblante. Oficiando como jesuita, y a pesar de las razones institucionales, Mario mantuvo incólumes sus posiciones. Al final, ninguno de los artículos salió en su versión original. El editor peruano consideró que de hacerlo así pondría en riesgo nuestras vidas, y decidió presentar el conjunto como una compilación de su autoría. El documento que aquí ofrecemos desarrolla la última versión que redactó Mario, más civilizada de todas formas que en su formato original, antes de ser "integrada" al conjunto de trabajos. La cuestión La actual transformación de la tradicional hoja de coca en cocaína, su comercialización y extendido consumo han ido configurando un nuevo tipo de negocio y de negociante en Colombia y en países del norte del planeta, sobre todo en los Estados Unidos. La relativa novedad del hecho (no hay que olvidar un hecho análogo y no muy antiguo: la prohibición del alcohol en E.U.) y, sobre todo, sus implicaciones específicas en la economía, la política y la cultura, plantean un cierto número de problemas. Dentro de los problemas culturales está el de la ética. Este problema aparece formulado, ordinariamente, a través de medios de comunicación social. Pero las formulaciones provienen de instituciones. De empresas legitimadas, del Estado colombiano y sus componentes, de la familia, la escuela, la Iglesia católica... La "opinión pública" de que hablan los especialistas en sondeos estadísticos suele reproducir, con algunas variaciones, esas formulaciones dominantes. Pero entre líneas se puede leer una serie de preguntas cuyo contenido conduzca, quizás, a un verdadero planteamiento del problema: ¿Es lícita la producción, la comercialización y el consumo de una "droga perjudicial para la salud"? - ¿Es digno el dinero obtenido en el nuevo negocio de la cocaína? - ¿Es comparable al dinero obtenido "honradamente" en negocios distintos al de la cocaína, como el de los textiles, el transporte o la ganadería? - ¿Es comparable al dinero proveniente de negocios como el del tabaco, el alcohol, la farmacéutica, el espectáculo, el audiovisual, el café...? - ¿Es comparable al dinero originado en negocios como el contrabando de variadísimas mercancías? - ¿El poder político generado por el nuevo negocio de la cocaína es legítimo? - ¿La corrupción que acompaña al nuevo negocio coquero es peor a la que introducen otros negocios como el transporte o el turismo? - ¿Cuando la violencia existente en la sociedad se mide por el número de homicidios, cabe preguntarse si el nuevo negocio es más violento que el negocio del banano, por ejemplo? Estas y tal vez otras cuestiones subyacen a las formulaciones ordinarias del problema. Las formulaciones se suceden casi sin solución de continuidad desde hace ya varios años. Algunas ya se han convertido en estribillo cuya veracidad se da por sentada. De vez en cuando aparece algún artículo de prensa en Bogotá, o algún libro, como los financiados anónimamente en Medellín, con formulaciones en contravía. Pero el balance global es nítidamente favorable a las formulaciones ordinarias dominantes, ocultadoras de las determinaciones reales del hecho coquero. La gente, los ciudadanos se ven constreñidos a "condenar la drogadicción", o a tolerarla como se soporta un "flagelo". Esa actitud se va volviendo un hábito subordinado a valores y normas impuestos desde el poder institucional. El espacio de discusión ampliada de esta imposición cultural es reducidísimo en Colombia y en el exterior. Su impugnación, de hecho, por el contrario, parece un poco más amplia. Es muy probable que esta situación continúe igual mientras no se den cambios sustanciales en las implicaciones económicas y políticas del nuevo negocio. En otras palabras, el problema cultural de la ética, dentro del nuevo hecho coquero, no es disociable del económico y del político. Proposiciones 1. Las éticas son conjuntos de prácticas y discursos determinados por las circunstancias históricas. Sus contenidos característicos son normas que explicitan valores culturales socializados. Las éticas son hechos sociales, aunque en el interior de sus contenidos existan elementos (incluso fundamentales) de tipo religioso o metafísico. 2. Aunque en algunas éticas se den postulados lógicamente concatenados y/o se expresen convicciones según las cuales hay valores y normas más o menos inmutables, dichas cristalizaciones están siempre relacionadas con procesos históricos. Esta relación ha implicado, muchas veces, la desaparición de valores y normas, o su replanteamiento, o su completa reinterpretación. 3. Los valores y normas muy frecuentemente son declarados como absolutos por instituciones de poder económico, político o cultural con fines manifiestos u ocultos de imposición y control. Estos fines se suelen justificar como una necesidad para el bien de los individuos y de la colectividad. Si a estos últimos les es negada la posibilidad de discutir e impugnar (participar) la imposición y la justificación de la misma, conforman situaciones totalitarias, dogmáticas, absolutas, acompañadas de descalificaciones de lo otro; de lo distinto. 4. Se dan con frecuencia modelos (puntos de referencia) plasmados en personajes, hechos, discursos, pero que no son intemporales, a los cuales es posible referirse, pero no de manera obligatoria ni necesaria (impuesta). Estas referencias pueden originar enjuiciamientos y propuestas éticas no absolutas, que pueden ser formuladas por individuos o por agrupaciones no institucionales. Su validez puede ser contrastada con la conducta social de quien o de quienes las formulan. Las proposiciones pueden ser discutidas e impugnadas en su coherencia interna. Se puede llegar a acuerdos o desacuerdos, o a statu quo. Pero no se impone nada. Ni se declara a priori lo que le conviene o no a los otros, sin que éstos puedan a su vez hacer lo mismo con quien así enjuicia y propone. 5. La "razón de Estado" o la "salvaguarda de las instituciones" son terrenos minados por la imposición oculta o manifiesta. Los filósofos, los científicos sociales, los artistas, los herejes. -entre muchos otros-, lo han demostrado así desde el siglo XIX, y desde antes. 6. Las formulaciones culturales de las éticas suelen estar aisladas en tratados oficiales, en textos deductivos que circulan en espacios especializados desde los cuales descienden en forma de discurso normativo, con muy poca posibilidad, la mayoría de las veces, de un "feed back" útil y eficaz. Las artes en general, incluidas las recientes audiovisuales, las tradicionales orales, el folclor, ciertas constantes de la vida cotidiana de la gente, la coherencia misma de los procesos históricos, el descentramiento cultural provocado por la comunicación planetaria y hasta las correlaciones de fuerzas, son espacios, lugares de formación de éticas alternativas, a partir de los valores, mediante los cuales son representadas nuevas prácticas humanas. Enjuiciamientos 1. El tratamiento oficial institucional que se le está dando en estos momentos al hecho coquero es contradictorio. Los Estados, la Iglesia católica, las empresas legitimadas, las instituciones familiares, educativas o financieras no tienen la credibilidad suficiente y necesaria para enjuiciar a los nuevos negociantes coqueros. Pueden negociar con ellos, y aún abrirle vías de legitimación. Pero no pueden imponer válidamente al conjunto de la ciudadanía colombiana los valores y normas según los cuales el nuevo negocio y sus actores directos son condenables. 2. Las instituciones mencionadas, en buena parte, proponen la condenación sobre una imposición vertical y unidireccional, sin suficiente discusión ni posibilidad de impugnación (participación democrática). 3. La gente, los ciudadanos nos damos cuenta de que hay contraste entre las formulaciones formales (valga la redundancia) contra el negocio coquero y las prácticas semiocultas de convivencia con los nuevos negociantes y sus desmesurados caudales. En las instituciones financieras eso es francamente irritante. Sobre todo si se tiene en cuenta que la banca, estructurada con el resto de la economía nacional y mundial, juega un papel siniestro en el manejo de la deuda internacional. 4. El nuevo negocio coquero va adquiriendo las características de muchas de las empresas legitimadas, interesadas en su condenación: extorsión económica, libre competencia, liberalización, apertura a la economía mundial, expresión política en las tres ramas del poder republicano y en los partidos, ligazón con prácticas culturales novedosas en torno a la vida cotidiana. Las distorsiones económicas, políticas y culturales que ocasionan estas empresas en vías de gestación son más imputables a su relativo bajo nivel de legitimidad social que al hecho mismo de su existencia. 5. Las empresas coqueras en vías de conformación comparten papeles represivos e impositivos con otras instituciones. Es contradictorio que los unos condenen a los otros por una función que les es común, además. Es imposible que ciertos empresarios legitimados, como los bananeros o los ganaderos, impidan que los coqueros limpien los sindicatos y las agremiaciones populares (campesinos, maestros, indígenas...) descabezando periódicamente sus instancias de dirección. Es muy dudoso que las fuerzas armadas nacionales e internacionales y los coqueros se opongan a que los paramilitares y los sicarios, apoyados logísticamente por ambos, suspendan una guerra sucia, una contención de las guerrillas, una intimidación de la población civil, una supresión de opositores actuales o potenciales al régimen imperante, una eliminación de "población basura" (drogadictos, burladeras, homosexuales, desempleados, "locos"...) Buena parte de este tipo de violencia de exterminio está determinada por la necesidad que tienen los nuevos negociantes de ejecutar acciones plausibles para las instituciones que otorgan legitimidad social. La cruzada contra la cocaína impuesta por el gobierno de Washington más parece un pretexto ideológico para instigar campañas de contrainsurgencia y guerras de baja intensidad, que campañas a favor de la salud de la gente, o a favor del ordenamiento equitativo de la economía del planeta. Nada de esto es creíble, sobre todo desde que el Coronel Oliver North financió sus operativos en América Central con dólares coqueros. 6. Para los farmacólogos la cocaína (no el bazuco) no es el veneno mortal que aparece representado en las formulaciones vehiculadas por los medios de comunicación, la escuela oficial (pública o privada), la disciplina familiar o la moral religiosa... La cocaína (no el bazuco) es, hasta ahora, un tóxico cuyo consumo implica riesgos comparables al del alcohol, el tabaco o los medicamentos de farmacia, todos ellos altamente legitimados. 7. El estigma social de "mafioso" y corruptor no es imputable únicamente a los nuevos negociantes coqueros. Es adjudicable, entre muchos otros, a banqueros, contrabandistas de café (cuyo "principio activo" es la cafeína), a los negociadores de muchas empresas multinacionales de extracción, fabricación y servicios y a muchos monopolistas locales de la información, del transporte terrestre y aéreo, del espectáculo... 8. La concomitancia del consumo de cocaína en actos de transgresiones de normas sociales, debe ser observada con sumo rigor, sobre todo si se parte de la hipótesis de que la cocaína es la causa y las transgresiones, el efecto. Los prejuicios ordinarios impuestos a la gente por la "propaganda antidroga" pueden falsear en mucho las informaciones recogidas por los investigadores. La cabra emisaria más a la mano puede ser el "periquero". Habría que averiguar si las transgresiones provocadas por la necesidad de comprar una dosis de cocaína son más numerosas que las provocadas por el deseo (casi siempre impuesto) de otros consumos. Propuestas Los ciudadanos y las agrupaciones no institucionales podemos y debemos proponer y ejecutar acciones útiles en campos particulares: 1. La negociación: Proponer y sustentar la no extradición de nuevos negociantes coqueros. 2. La educación: Desatanizar la cocaína (contrapropaganda). Informar técnicamente a la gente sobre salud y cocaína.
Luces y sombras del ambientalismo oficial Mario Calderón El Consejo Editorial de Cien Días ordinariamente recibe propuestas. Pero también concibe encargos. Este fue uno de ellos. Estábamos en época de balances, y pensamos en uno que enfocara la política oficial. Calderón no estaba del todo convencido. Le parecía muy general el foco, y prematuro el esfuerzo. Litigó, sin mucha convicción. Se dejó atrapar. Le salieron varias canas en la barba, y si mal no recuerdo se devoró por primera vez toda la literatura oficial. Al fin y al cabo, y con lo que bien podría instaurarse una polémica insustancial, él era un ambientalista de principios, de forma de vida, de corazón... no de profesión. El Ministerio del Medio Ambiente ha tomado medidas conducentes a controlar algunos desmanes cometidos por parte de empresas nacionales y extranjeras en el país. Sin embargo, todavía no tiene políticas definidas a largo plazo para solucionar los graves problemas ambientales de Colombia. El Ministerio del Medio Ambiente goza aún del período de gracia que se le concede a los entes administrativos recién creados. Los pocos meses de vida que lleva, dieciocho en total, no permiten un balance definitivo. Sobre todo si se tiene en cuenta el cambio de Gobierno y, por tanto, el consecuente cambio de Ministro. El Ministerio ha cumplido con tareas importantes, aunque coyunturales. La suspensión de la minería depredadora y la orden de ejecutar trabajos de restauración en Condoto, Tadó, Istmina, Lloró, Bagadó y Quibdó, sobre los ríos Atrato y San Juan en el Departamento del Chocó, son acciones positivas. Lo mismo puede decirse de la sanción a la empresa Vikingos de Colombia por haber exportado clandestinamente hacia Puerto Rico varias toneladas de caracoles strombus gigas. De igual manera resulta importante la decisión del Ministerio de obligar a la empresa Cementos del Caribe a detener la explotación de piedra que ponía en peligro fauna, flora y petroglifos en el departamento del Atlántico. En Cartagena impidió a tiempo la construcción de una urbanización cuyas excavaciones pusieron al descubierto, a 50 centímetros de la superficie, canecas metálicas oxidadas que dejaban escapar el peligroso veneno agrícola metil paratión. Además suspendió la grabación de una película italiana que para hacer más real una escena taló parte de un bosque del Jardín Botánico de esta ciudad. Este tipo de actos son benéficos para la población y además dan imagen. Queda por evaluar la capacidad del Ministerio para hacer cumplir las medidas sancionatorias, para prevenir reincidencias y para concertar soluciones a mediano plazo, por ejemplo, cuando una medida de éstas genera problemas de desempleo. Politización de las CAR El actual Ministerio tiene en cuenta una propuesta denominada DARNAR (Departamento Administrativo de Recursos Naturales), que surgió antes de la creación de este ente administrativo. Se trata de coordinar a todas las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) con el propósito de elaborar proyectos y ejecutar políticas ambientales regionales sin que dichas entidades se "politicen", pierdan su autonomía, o sean víctimas de la centralización. En la actualidad el Ministerio cuenta con 34 CAR, y a pesar de las buenas intenciones los problemas de la "politización" ya empezaron a surgir. Desde el Ministerio se propuso que los directores de las Corporaciones fueran nombrados por el Presidente de la República, de una terna presentada por el Consejo Directivo de cada CAR. Pero en el Congreso se opusieron: deseaban que el Ministro de turno nombrara a los directores. No hubo acuerdo. Desde algunas Corporaciones se apoyó al Congreso, argumentando que así se ganaba en autonomía. La Ministra, por su parte, manifestó: "Cada cual puja por hacer de ellas (las CAR) un feudo de poder... En algunas partes parece que se alinearon al lado de los políticos por puestos o pequeños proyectos". A los problemas "políticos" se suman los financieros. La operación de las CAR, en 1995, es deficitaria en 16.000 millones de pesos. La Ministra advierte que el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda deben ceder para que el Ministerio del Medio Ambiente coordine a las CAR, so pena de suspenderles financiación con recursos internacionales. No es posible saber si al DARNAR le hubiera sido menos fatigoso el camino de la coordinación de las CAR. Pero sí es claro que la autonomía se gana con el apoyo de la gente en torno a proyectos útiles, y no con el de los congresistas. Sobra añadir que unas CAR "despolitizadas" son instrumentos muy necesarios para que la labor ambiental del Ministerio se descentralice. El Sistema Nacional Ambiental Una autoridad ambiental que formule y ejecute políticas necesita de un sistema que las coordine. La ley 99 de 1993, que instituyó el Ministerio del Medio Ambiente y que trazó sus líneas fundamentales, creó, así mismo, el Sistema Nacional Ambiental (SINA). Tanto el Documento CONPES (Consejo Nacional de Política Económica y Social, XII-1994) como el Plan Nacional de Desarrollo Ambiental (Salto Social hacia el Desarrollo Humano Sostenible, VI- 1995) presentan el organigrama del SINA. En orden descendente aparecen 44 entidades creadas por la Ley 99: El Ministerio, 5 entes investigativos, 34 Corporaciones Regionales y 4 entidades responsables del medio ambiente en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. Según los documentos citados, el SINA se constituyó para desarrollar "los mecanismos de coordinación, concertación y participación con las entidades públicas y privadas, los sectores económico-sociales y la sociedad civil". Sorprende el hecho de que en el organigrama del SINA sólo aparezcan los entes oficiales, cuando la ley 99 tiene perspectivas mucho más amplias. Gustavo Wilches Chaux, ambientalista caucano, hizo el ejercicio de diseñar un Sistema Nacional Ambiental basándose en la ley 99 y en los artículos ambientales de la Constitución Nacional con resultados menos endebles que los del CONPES y el Plan de Desarrollo Ambiental . En el SINA oficial no aparecen la Red Nacional de Reservas de la Sociedad Civil (ley 99 art. 109), la Comisión de Ordenamiento Territorial (Ibid. art. 5 n. 12) ni las organizaciones no gubernamentales y comunitarias relacionadas con la problemática ambiental (Ib. art. 4 n. 4). El título X de la ley, sobre "modos y procedimientos de participación ciudadana", tampoco ha tenido cabida en el SINA oficial, lo mismo que el título XI sobre "acciones de cumplimiento". Parecería que el SINA, eje de la formulación y la ejecución de políticas ambientales, fuera concebido por los ambientalistas del Estado como un sistema sordo, ciego y mudo. Esto podría llevar a callejones sin salida al Ministerio cuando, superado su período de gracia, necesite el apoyo de la sociedad civil y requiera comunicarse para concertar. A este propósito vale la pena recordar la advertencia del primer ministro del ambiente, Manuel Rodríguez: "no obstante, para el éxito de su gestión, esperamos una mayor participación del movimiento ambiental y de las ONG". La problemática ambiental, que afecta a todo el planeta Tierra, no ha llegado todavía a puntos globales de no retorno. En Colombia, esta situación ha originado grupos ambientales que en conjunto constituyen un nuevo movimiento social que se caracteriza por su diversidad y descentralización. Dicho movimiento escapa a las pirámides burocráticas de cooptación. Además, pasa por alto los discursos canónicos que demarcan pertenencias, identidades y ortodoxias. Para su desarrollo pleno, debe tener canales de comunicación abiertos en el Sistema Nacional Ambiental, haciendo que la estrategia del Desarrollo Sostenible se convierta en dimensión básica de nuevos modelos de progreso. Suma-paz: suma final Dejar para el final los pocos textos que se relacionan con la región del Sumapaz tiene una motivación explícita. Ellos recogen el espíritu de pareja, de adición, de adicción, de futuro, de profecía. Antes de comprar el jeep, que siguió al contestador automático y los ubicó en plena modernidad, que Mario cogiera bus intermunicipal y se adentrara por los recovecos destapados de ese indómito sendero, apto para jinetes experimentados, no sorprendía a nadie. Pero que lo hiciera Elsita, que tenía esa figura de la cineasta típicamente chapineruna, nos dejaba alelados a más de uno. Hasta que se veía el paisaje del bosque de niebla. Y se veía a los amigos, mirando a lo lejos el paisaje del bosque de niebla. Hasta que se veían esas manos transformadas, dispuestas para el pan, la tierra, el frío y el crepitar del fuego en luna llena. Y se veía a los amigos, armando palmo a palmo su casa de siete colores. En esa comunión, se entendía la sinfonía de sus vidas. PASADO Y PRESENTE DEL SUMAPAZ Y SU GENTE Mario Calderón V. No sabemos, no hemos averiguado, qué significa la palabra "suma –paz". Ignoramos aún si es castellana, muisca o si es un neologismo. En todo caso, y mientras lo averiguamos, los veintisiete locos verdes que conformamos la Asociación Reserva Natural Suma-Paz decidimos descomponer la palabra en dos y meter entre las dos una rayita, un guión, una relación que construya diferencia e identidad a la vez: Suma-Paz. Así nos quedo un nombre que puede significar, al menos, dos cosas: la invitación, en segunda persona del singular, en la que se propone sumar y no restar paz; y la valoración muy alta del tranquilo orden de los bosques de niebla y del páramo: no es mínima, o media, sino máxima suma, la paz que se respira allí. Pero estos dos resultados del juego con la palabra "sumapaz" remiten inexorablemente a la realidad social de esta región. Ella es acaso sinónima de conflictos agrarios cuya no superación ha acarreado, para la gente y para los ecosistemas, el padecimiento de altas dosis de violencia. Dicen que dicen las crónicas antiguas que los Muiscas (Chibchas, Sutagaos y Fusagasugaes) usaban el páramo para caminar. Esta hipótesis tiene visos de validez por dos razones: primera, era sin duda más atractivo abrir rutas por un altiplano, desprovistos de la intrincada maraña de bosque y sotobosque de niebla y de tierras más bajas. Segunda: se gozaba, además, de la ventaja de poder ver a lo lejos durante los intervalos de niebla, o en verano, para ganar puntos de referencia y ahorrar distancias. Lo mismo de noche. Y si Muiscas (Sutagaos o Fusagasugaes) cultivaron el arte sostenible del mambeo, el estrago de la altura en sus cuerpos contaba entonces con una contra. Se sabe con certeza que Nicolás de Federman cruzó el Sumapaz de oriente a occidente cuando remontó la Cordillera Oriental hacia Bogotá. Ernesto Guhl (senior) calcula que la región geográfica del Sumapaz mide aproximadamente 120 km de largo (sur-norte) y cerca de 100 de ancho (oriente-occidente). Esto equivaldría a unos 12.000 km2. Páramos es la palabra castellana para designar terrenos altos y relativamente yermos. Los especialistas en páramos admiten que lo que nosotros llamamos páramo, a diferencia de las punas peruanas o bolivianas, son ecosistemas más húmedos y, por lo tanto, dotados de mayor biodiversidad. Además, son exclusivos del cinturón ecuatorial del planeta Tierra. El del Sumapaz, por su tamaño, es un caso particularísimo en nuestro planeta. No tenemos mayores datos de las violencias conquistadas y coloniales en el Sumapaz, salvo las más conocidas, las implicadas en las reparticiones de indios. Algunas investigaciones citan relatos de viajeros exploradores, pero sólo señalan conflictos sociales a partir de finales del siglo XIX. Lo que Augusto Angel llama el "sobrenaturalismo" de las ciencias sociales. Se mencionan de paso, y a título de informar al lector, los usos agropecuarios de la tierra. La historia ambiental del Sumapaz y su gente está por escribirse. No así su historia social. Conocemos varios estudios publicados al respecto. Algunos de ellos adoptan como referencia los espacios (de inclusión-exclusión social). Y esto ya es algo: es una clave importante de interpretación de las estigmáticas Repúblicas Independientes (una de las cuales fue el Sumapaz). Pero en dichos estudios los espacios ecosistemáticos son tangencialmente abordados en función de los conflictos sociales, y en torno a las condiciones de trabajo, a haciendas y títulos de propiedad. Nada de esto es superfluo, claro está: los conflictos (en el agro colombiano y en el Sumapaz específicamente) también forman parte del medio ambiente. Pero en nuestros estudios sobre poblamiento y paisajes a partir de historias orales en algunas veredas del Sumapaz, sí hemos apuntado expresamente a las determinaciones ecosistemáticas, aunque todavía con métodos y resultados muy germinales y aproximativos. Tratamos de establecer las relaciones de la historia social del Sumapaz con el paisaje en general, y el bosque de niebla en particular. Períodos en la historia de conflictos en el Sumapaz 1870-1925: Hubo enfrentamiento entre comerciantes, que eran propietarios de tierras, y latifundistas propietarios de baldíos, quienes se disputaban el control de territorios y la fuerza de trabajo de los campesinos. El enfrentamiento fue legal y organizado. 1925-1936: Los campesinos enfrentaron a los propietarios ya unificados para exigirles títulos de propiedad. Durante este período los campesinos invadieron algunos latifundios y vincularon sus organizaciones a corrientes políticas distintas del liberalismo y el conservatismo. Entre 1936 y 1946 los conflictos se complicaron por efecto de la Ley 200 (de tierras) del mismo año: los enfrentamientos entre latifundistas y campesinos arreciaron. También surgieron choques entre colonos, arrendatarios y pequeños propietarios, estos últimos, beneficiados por la ley. Esto determinó la disolución de muchas haciendas y el surgimiento de luchas armadas en proporción directa a los intereses gubernamentales por "conservatizar" la región. A partir de 1946 se inició el período de la llamada ‘ violencia’ (en singular) vigente desde 1965, aunque con características diferentes. Las zonas templadas del Sumapaz, sobre todo las occidentales, fueron usadas antaño para explotar quina y cacao. Allí mismo, desde 1870 empezaron a consolidarse los cultivos de café con sus respectivas haciendas y conflictos. Al comenzar el siglo XX se inició la explotación del carbón, maderas para construcción y la potrerización ganadera especialmente en la zona occidental fría. Los conflictos de la zona fría datan del final de la segunda década de este siglo y la fuerza de trabajo elevada allí provino del altiplano cundiboyacense. Desde la aparición del café en el Sumapaz, hacia 1870 y pasando por la etapa maderera y del carbón, hasta la década de los treinta, se ha alcanzado un crecimiento demográfico de más del 200%. Sumapaz, la república de las aguas "Por encima de las tierras de los Chibchas está la nada. Las montañas de este país se abren vertiginosamente al cielo y las aguas cubren la tierra entre ellas. La sabana está cubierta por el agua, y las montañas oscuras y amenazantes se levantaron de las aguas hacia la oscuridad del cielo, y la niebla envolvió todo en un manto impenetrable. "Todo esto lo vio el Todopoderoso, que era la luz misma. Entonces envió enormes aves que ahuyentaron las nieblas y soplaron a través de sus picos aire diáfano. "Y luego creó lo maravilloso y brillante, lo Grande. El rompió la oscuridad con su luz brillante y calentó las tierras. Y enseguida envió esta luz para que irradiara sobre las montañas y las aguas. Y se fue el agua y surgió la Sabana. Y el Todopoderoso llamó a esta luz: Sua. "Pero Sua secó y hasta tostó las tierras de los Chibchas con su luz abrazadorza y ardorosa. Fue entonces cuando el Todopoderoso hizo desaparecer a Sua detrás de las montañas y creó algo suave y blando (...) y llamó a esta luz: Chía. "Pero las tierras eran silenciosas y sin vida. Así que el Todopoderoso se compadeció y de la laguna de Iguaque, que está al norte de Hunza, salió una mujer a la cual llamó: Bachué. Y Bachué sacó de la laguna a un niño (...) Tomó este niño de la mano y lo llevó a los Llanos (...). "Ya cuando los padres de los Chibchas tenían una edad muy avanzada y sus espaldas estaban cansadas por la vejez, Bachué tomó a su marido de la mano. Así los dos entraron al páramo (...) les exhortó hacia la paz y armonía (...) y decían que Chimigagua los había transformado en estos animales. Desde entonces las culebras son animales sagrados en el país de los Chibchas". Sumapaz, la República de las Aguas, así titulamos el ensayo del estudio preliminar e introductorio, aún inconcluso, de las huellas de las violencias más recientes en una muestra del paisaje de la región. Usamos el método de reconstruir la memoria de la gente mediante varios dispositivos: . los diarios escritos por María, Santos, Jaime, José y otros campesinos en los que consignaron recuerdos y descripciones cotidianas. . El taller de discusión de propósitos, métodos y resultados. . Los mapas de historia de poblamientos y paisajes veredales. . Las entrevistas a personajes memoriosos de la zona de Cabrera. Cabrera, municipio de Cundinamarca, se encuentra hacia el costado suroccidental de la región. Su territorio toca con la cuenca alta del río Sumapaz y limita con zonas de nombres épicos, o de nombres de batallas que aún destilan sangre, o de internacionalismos tales como La Francia, Ucrania, El Duda, Galilea, Villarica... Los memoriosos afirman que en Cabrera había árboles de hasta 30 metros de altura y que más al sur, en Riachón, sus diámetros superaban la estatura de un ser humano. La extracción de madera, hasta alrededor de los años 50, no parece haber sobrepasado los límites de la sostenibilidad de manera irreversible, al menos para la mayor parte del ecosistema. Pero por esos años llegó también el eucalipto. Los mapas históricos de los paisajes veredales, elaborados por campesinos y campesinas, muestran el ascenso rapaz del potrero. Los colonos de zona fría "sembraban maíz, arracacha, alverja, fríjol y ahuyama candelaria durante todo el año. Se daba mucha comida pero no había quien vendiera ni quien comprara (...) Había muchos animales, por ejemplo, el borugo, el soche, los monos y las pavas aburridas. Había bastantes animalitos de la selva y la gente los perseguía para comer. En esa época no se sacaba madera, sólo se acuñaba tumba y quema. No todas las veredas estaban fundadas. Era puro monte de palo grueso. Pero por aquí, en Pueblo Viejo, sí había rastrojeras y pedazos de potreros", cuentan Carmen Elisa y Anastasio, de 90 años de edad. "La gente fue tomando cartas en el asunto, ya se fueron haciendo dueños de las tierras, dejaron la esclavitud que tenían y fueron sembrando. Conocí la época en que se producía gran cantidad de papa y gran cantidad de trigo. Bajaban aquí al pueblo con 1500 o 2000 mulas cargadas. Mi padre era el que les compraba el trigo", recuerda Jeremías, de cerca de 70 años de edad. "Nosotros vivíamos del aserrío y de la cría de animales domésticos: una vaca, un toro, un caballo para llevar al mercado, pues todo estaba en selva o en rastrojo. Ya posteriormente, cuando tuvimos una finca más grande, pues la actividad de la ganadería se amplió, entonces ya teníamos vacas de leche, teníamos ganado de ceba y ya se empezaba a mermar la actividad del aserrío pues ya no había nada qué aserrar o lo que quedaba se dejaba para las reservas de la finca. Además de eso se empezaba a vislumbrar el comercio. La gente que producía algo de papa, maíz y otros productos comenzaba a comercializar (...) aquí con Cabrera", narra Ernes, rememorando los años treinta y cuarenta. "La primera madera se empezó a utilizar para edificar; el cedro rosado, el pategallo, el amarillo, contaban con diferentes clases. Existen muchas cosas de esta época. La comercialización empezó en el año 55. Al principio era una explotación suave, se aserraba a brazo, con serrucho para destrozar y un malinero para aserrar (la madera), se sacaba en bloque y en chapa. Después se sacaban en mulas con angarillas. En ese entonces no se arrastraba. El arrastre se vino a conocer como en 1960; se tenían diferentes y se usaban cadenas rejos. Las chapas tenían que ser de tres metros; se desperdiciaba mucha madera. Antes del 9 de abril llegó hasta San Bernardo una máquina que era movida por vapor. A Cabrera no alcanzó a llegar, pero los aserradores la recuerdan. La máquina aserradora movida por combustible llegó en 1963. Todo el mundo vivíamos de la madera; se producía la vara, el carbón, la tabuladora. Después llegó la dimensión; dependía de tres, cuatro, cinco... De acuerdo a su dimensión dependía el valor. La cantidad que se sacaba a la semana dependía de la pareja de serrucheros. Lo normal era sacar unos 200 metros pero hubo parejas de serrucheros famosas como la de Palomino y Argemiro Sánchez que sacaban hasta 270 metros en una semana. "Había mucha gente que tenía por negocio el monte. Llegaban a mi finca y me invadían y volvían y le vendían a uno a ver si les compraba (‘la tierra no se compraba sino la madera’, agrega otra persona, Andrés). Eso era de muerto para arriba. Yo le compré dos veces a un mismo vendedor. Uno compraba veinte parcelas para explotación, demoraba un año sin explotar y cuando iba me tocaba volverles a comprar. "Poco a poco se acabaron los palos grandes y empezaron a salir de 1.50, que también se vendían. La motosierra llegó en los setenta y se pudo aserrar hasta 3 mil metros de madera en un día. Unos 60 palos por semana. En 10 años arrasó con el monte y arrasará porque se puede dirigir a cualquier parte. Cuando yo tenía 8 máquinas de aserrar mantenía 120 obreros diarios, eso fue en los años 75 y los 80", relata Jeremías. "Cuando la gente se da cuenta que el agua está haciendo falta se promulgan las primeras leyes para prohibir el aserrío; entonces la economía decae. Antes, la gente tenía plata para gastar cada ocho días, había comercio, los trabajadores empezaron a retirarse", nos dice Santos. Y aparecimos nosotros. Primero llegaron, a finales de los ochenta, Andrés, Claudia, Juán y Sebastián. Enseguida, Gabriel, Marisol, Emilio, Luz Beatríz, Mario, Elsa, Catalina y Juan Manuel, y detrás de éstos, quince verdes locos más. Ha sido larga la inducción al bosque, a la gente de las veredas y del casco urbano, a los caminos, a los actores del conflicto armado. "Hubo dos reacciones cuando llegó la Reserva: los madereros se enfrentaron; inclusive unos que venían de Cabrera trataron de oponerse, pero viendo que ésa era la única alternativa -ellos sí sabían que esos árboles no se veían sino una vez en la vida-, cedieron ante la presión de la situación. Los campesinos nos preguntaron: ‘¿qué hago con ese bosque? -Por ahora déjelo quieto’. "No les hemos podido dar una respuesta rentable...", relata Andrés. Hemos conservado una casa, construido otra y actuamente restauramos otra que fue fonda histórica. Con amigos botánicos se hizo inventario de flora por muestreo y con apoyo de la Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil hicimos el taller sobre mínimos ecológicos junto con numerosos invitados de veredas y del casco urbano y con veinte campesinos amigos de dos veredas vecinas a la Reserva. Pero la larga inducción continúa al ritmo de visitas periódicas y de una vida cotidiana inspirada en Bakunin o en Henry David Toreau, tratando de no perder el rumbo a Itaca. Agua y paz, Suma-Paz Ante los conflictos armados del presente que prolongan los del pasado y algunos de cuyos efectos protegen "perversamente" el bosque, hemos decidido no ser víctimas sino actores. Y hemos elaborado proyectos de caracterización de reservas en situaciones semejantes a la nuestra, y proyectos de intervención en procesos de superación de conflictos, a partir de estos criterios: . La paz es un proceso que pasa por entender y lograr la interrelación entre la especificidad regional y las demandas de carácter nacional. . Lo regional supone el reconocimiento de la diversidad política, cultural y ambiental, expresada en usos del paisaje y en las distintas actividades de un territorio. . Lo cultural y lo ambiental deben operar integralmente en las propuestas de paz diseñadas para esta región; deben apuntar a resolver los aspectos críticos en el diario acontecer de los pobladores, y a la proyección de la zona como productora de agua, aire y biodiversidad. . De la conservación de los ecosistemas dependen las soluciones económicas del futuro. Por eso la mejor opción para el uso del territorio es el manejo ambientalmente sostenible, con beneficio local y sin expropiaciones. . El manejo ambientalmente sostenible es un componente imprescindible de las concertaciones institucionales y cívicas necesarias para la superación de los conflictos. Para ello es preciso pensar en incentivos económicos a partir de cuentas ambientales. La mayoría de los pobladores del Sumapaz ha participado poco en las discusiones y en las resoluciones de treguas y amnistías. El futuro de la paz debe de ser construido desde los sueños, superando las frustraciones del pasado. Como propuesta la paz es nacional, pero como solución es regional. Los pobladores del Sumapaz tienen una importante y particular experiencia histórica en lo organizativo, y existen condiciones ambientales con un alto nivel de conservación del ecosistema que propician alternativas nuevas de desarrollo sostenible con paz.
Breviario verde para vacaciones Mario Calderón De los distintos encargos que le hizo Cien Días a Mario, éste me parece que fue el más acertado. Cuando llega octubre, empezamos a planear en el Consejo Editorial la última revista del año. Y reiterativamente, antes de analizar las circunstancias externas, nos prometemos hacer un número más ligero, ameno, apropiado para el espíritu navideño que se empieza a respirar. Por lo general, después viene la realidad y nos hecha a perder la intención. La muerte agazapada en los rincones de la intolerancia, el calculado despiste del gobierno o la inaplazable necesidad de alertar sobre lo inminente nos obligan a dejar a un lado la ingenuidad vacacional y mantener en alto el espíritu crítico que nos alienta. Sin embargo, ese año la suerte estuvo de nuestra parte, y el artículo de Calderón salió indemne de la sala de edición. El resultado: esta guía para todos los tiempos, que nos recuerda que muchas veces el color de las cosas depende del cristal con el que las miremos.
Le aterra sentirse como turista del tipo depredador? ¿No planea ir en viaje todo incluido a Aruba, Cancún o Panamá? Si es así, para usted son nuestros planes de turismo alternativo, cuyas bondades son perfectamente refutables. I. PLAN SEDENTARIO Este plan no prejuzga que permanecer en el sitio donde uno vive, cuando muchísima gente se va de viaje, sea una desgracia. Por el contrario, esta situación puede depararle gratificantes experiencias. Es agradable levantarse y encontrar disminuido el tráfico de automotores, menores índices de ruido y aire menos enrarecido por carbonos y azufres. Usted puede, incluso, cruzar la calle sin jugarse la vida en el separador. La batalla cotidiana de los automovilistas es menos violenta. También es posible ver gente nueva. Podrá hasta escuchar las aventuras de los visitantes, y conocer de sus mentalidades diversas. Aunque no lo crea, los grupos de turistas se parecen a las bandadas de aves migratorias: todas se ven iguales, pero cada una es cada cual. Nota: Si usted detesta las bandadas, búsquese un refugio o consulte el Plan Nómadas. El Plan Sedentario le sugiere dos excursiones: Excursión A Visite las quebradas, ríos, lagunas o playas de su ciudad, y verifique si todavía lo son, o si se han convertido en cañerías de aguas residuales. Observe si los espacios adyacentes a los cuerpos de agua están invadidos por viviendas o negocios, o si aún son recuperables. Invite a sus vecinos a participar de la excursión, y convénzalos para que el manejo ambiental de su espacio sea un propósito de año nuevo. Excursión B Haga un "tour" por los espacios públicos: andenes, calles, plazas y parques de su lugar. Verifique la proporción entre cemento y naturaleza verde. Mientras se toma algún refresco, indague por la historia del sitio visitado. La mayoría de los parques colombianos eran espacios públicos verdes hasta cuando llegaron los negociantes del cemento y el ladrillo. Hay unas cuantas plazas que, por su función, deben ser cubiertas con material duro. Otras sepultaron el verde sin razón. Algunas lo conservan, como el parque de Bolívar de Medellín: bajo sus árboles se desarrollaron foros de opinión, destrezas de saltimbanquis, relatos de cuenteros, encuentros de risas y paseos de ocasión. Nota. Ambas excursiones se pueden hacer a pie o en bicicleta. II. PLAN NOMADA Nómada no es turismo ordinario. Es turismo alternativo. Son excursiones que se pueden hacer por entre la ola gruesa de turistas, o por las orillas de la avalancha. Todo depende de los lugares elegidos. Excursión a las altas montañas: Más arriba de los 2.500 metros sobre el nivel del mar usted encontrará franjas e islotes de bosque de niebla o bosque altoandino. Sobre los tres mil metros aparecerán los páramos, silenciosos, poblados de lagunas, quebradas, frailejones, conejos, águilas y nubes. En Colombia tenemos más de 15 páramos, en más de 11 departamentos, entre Nariño y Norte de Santander. Estas altas montañas son Fábricas de Agua, de las que dependen todas las cuencas hidrográficas del país. Sin altas montañas dejaría de funcionar el proceso evaporación-condensación-precipitación del agua. Los bosques de niebla, parcialmente degradados por la tala, operan como esponjas vivas que regulan las aguas. Uno de ellos, manejado adecuadamente, puede almacenar y luego liberar gradualmente hasta el 99% del agua lluvia que le caiga. Este efecto evita la erosión. Tenga en cuenta que un bosque de niebla puede recuperarse en décadas o siglos. Pero el suelo erosionado tardaría milenios en lograrlo. Excursión a donde los sabedores: Visite los conocedores de cualquier bosque, y hable con ellos: aserradores (sí: "nada es perfecto", como decía el zorro), yerbateros, curan deras o indios... Observe el manejo ambiental sostenible que éstos han practicado en sus ecosistemas. Observar para aprender e inventar, no para imitar. Para los Tunebos (U´wa), por ejemplo, los bosques son la piel del planeta, y las lagunas sus úteros. Los Tayronas construyeron ciudades capaces de albergar dignamente hasta 10 mil habitantes. Pocos conocen mejor la botánica de su ecosistema que los Inga, del Putumayo. Excursión Interior: Esta excursión se puede hacer desde el grueso de la peregrinación masiva de turistas. Al fin y al cabo, todo depende de la mirada que se construya. Para viajar al interior, es menester adoptar una óptica determinada. Siéntase, por ejemplo, cronopio en medio de afanadas famas. O sea uno de aquellos que Don Miguel de Unamuno llamaba vagabundos. He aquí sus palabras: "El vagabundo es comunista por temperamento; el labrador es individualista. El labrador no comprende la vida sin la propiedad; el vagabundo comprende la vida y odia la propiedad. El uno quiere que su heredad sea para él; el otro, que la tierra sea para todos... El uno dice: yo he comprado el campo, lo he trabajado; sus frutos son míos. El otro dice: el sol, que ha hecho crear el árbol, es de todos; la lluvia, que ha fecundado el campo, también es de todos..." III. PLAN ERMITAÑO Es posible que su más firme vocación consista en no asomar las narices en la calle en tanto dure la temporada navideña. Pero no se preocupe: haga viajar la imaginación. Si usted está en tónica de ermitaño, le ofrecemos un recorrido por la naturaleza sin moverse de la casa. La clave está en estos libros: Varios autores: "El Páramo, ecosistema de alta montaña", Ecoan/Cifa, 1975 (Calle 54 A No.14-13 (102) Telf. (91) 2551541. Bogotá. Ernesto Guhl: "Colombia, bosquejo de su geografía tropical". Tomo I. Biblioteca Básica Colombiana. Imprenta Nacional de Colombia. Bogotá 1975. Varios autores: "Bosques de Niebla de Colombia". Banco de Occidente, 1991. María Clara Van der Hammen: "El Manejo del Mundo". Tropenbos, Colombia, 1992. Varios autores: "La selva humanizada", ICAN/FEN/CEREC, CIRCA, 1990. Carlos Castañeda: "Viaje a Ixtlán", Fondo de Cultura Económica, 1976. Carmen María Jaramillo y Nicolás Lozano: "Así éramos los zenues", Fundación de investigaciones arqueológicas, Banco de la República, 1987. Gabriel Quiroga: "Dulce Progreso", Archivo Sapiensal, 1995. |
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